Lunes 7 septiembre 2009 1 07 /09 /2009 21:58

      Tradicionalmente los abuelos, han desarrollado una importante labor de transmisión de tradiciones , valores y cohesión  familiar. Al mismo tiempo han ayudado al cuidado de los nietos, cuando la situación lo requería. Pero, nunca ha sido tan necesaria,  tan generalizada, ni tan apreciada como hoy, la contribución de los abuelos en el cuidado de sus nietos.
       En primer lugar, estás los casos que los dos cónyuges trabajan, y hace falta alguien que los cuide durante las  horas que no cubren colegios ni guarderías. Las familias con rentas altas, pueden contratar personas que  los cuiden durante su ausencia, pero la inmensa mayoría necesita los dos sueldos de la pareja para  vivir. Hay quien piensa, si no los pueden atender que no los tengan. Pero cuando una pareja siente la necesidad  de ser padres, es muy difícil que se paren en ese tipo de consideraciones y piensan "ya nos ayudarán los abuelos". Creo que es una reflexión afortunada y que beneficia a todos, padres, abuelos y nietos. Desde luego, no hay dos situaciones, ni dos familias iguales, y por tanto, este pensamiento tiene muchas excepciones, pero si las partes implicadas están de acuerdo, el beneficio es seguro para todos.
      Los padres pueden realizar sus deseos de perpetuar la especie, sacrificando su libertad, su comodidad y su economía en beneficio de su prole, y saben que sus hijos no pueden estar mejor cuidados, ni pueden recibir un cariña más desinteresado que el que les brindan sus padres.
       Los nietos reciben la más absoluta dedicación por parte de sus abuelos, éstos no escatiman tiempo ni cariño,  disponen de un caudal de ambos tesoros para ofrecer a sus niños. Esa dedicación comprende compartir sus juegos,  llenarlos de mimos y caricias, pero saber decirles no. Narrarles la historia familiar, sus costumbres, sus tradiciones.
Explicarles que la noche sucede al día, la luna al sol, que unos animales andan, pero otros vuelan, !son tantas las cosas que los niños quieren saber en cada momento del día!  cantarles  canciones, recitarles poesías, que repitan  versos, resuelvan adivinanzas,  consigan decir trabalenguas. Todo lo que los abuelos han aprendido a lo largo de su vida, y que  quizá en su día, no pudieron transmitir a sus hijos, porque la completa dedicación a su cuidado y crianza, les hurtó día a día, el tiempo suficiente.                                                                                   
    El inmenso cariño que les dedican los abuelos, hace posible que al sentirse amados, aprendan a amar; que al verse respetados, aprendan a respetar; la responsabilidad, no sólo se exige, también se comparte, se transmite; que al valorar sus pequeños logros, siempre que sean producto del esfuerzo y la responsabilidad, se fomente su autoestima; que al ser felices, quieran hacer felices a los demás. No hay que olvidar que lo que se aprende, lo que se experimenta, lo que se siente durante la infancia, deja una impronta en la personalidad de los niños que, en la mayoría de los casos,  marcará la vida adulta. 
      En cuanto a los abuelos, hablo desde mi experiencia personal, no he realizado ningún tipo de estudio sobre el tema, ni nada por el estilo,  creo que el mayor trozo en el reparto de la tarta de los beneficios de la relación abuelos-nietos, se lo llevan los abuelos. Si, es cierto, la compensación moral, psicológica y física que reciben los abuelos, es de vital importancia para ellos.
     En un momento de la vida en que  parece que lo tienes todo hecho: has desarrollado una carrera profesional,  has  trabajando en casa o fuera de ella; te has casado, o no; has tenido hijos, los has visto crecer, iniciar sus primeros pasos ajenos a la mirada de sus padres... todavía no te crees que todo haya ido bien; han terminado sus estudios, tienen trabajo, tienen su propio hogar que comparten con su pareja. Han tardado, pero al fin te comunican que vas a tener un nieto.                                                                                                                                   
     Llega en un momento de tu vida normalmente crítico: a lo mejor ya te has jubilado, o estás solo,  el calendario te ha empezado a pasar factura, en fin,  crees que ya no puedes esperar mucho de la vida, más que ver el tiempo pasar. En ese momento, uno de tus hijos, que hacía muchísimo tiempo que no te necesitaba, o al menos eso creías tú, va y te  dice: papá, mamá,  necesitaré que te quedes con tu nieto, algunos ratos, algunas horas, algunos días, mientras nosotros estamos trabajando. 
     De momento no comprendes bien que ratos, que horas, que días serán, ni te importa. No has podido prestar atención  a sus palabras, porque de pronto, tu mundo se ha llenado de esperanza; tus días de color;  tu silencio de música, el frio da paso a la calidez, la tristeza a la alegría. Te sientes rejuvenecer, vuelves a sentir que eres necesario, que tu experiencia puede servir de ayuda a tus hijos, que puedes darle mucho amor a esa personita que viene y que es carne de tu carne, que procede de ti, que si tu no hubieras estado ahí, ella no estaría en camino .
    Cuando al fin llega, cuando la tienes en tus brazos, no importa cuantos nietos tengas, te enamora inmediatamente. Pero cuando va creciendo y se abraza a tu cuello, cuando borras con besos sus lágrimas, cuando trata de adivinar en tu cara todas las respuestas, cuando te desafía para conocer sus límites, cuando   escuchas sus primeras risas,  sus primeras palabras, compartes  juegos, canciones , cuentos. Cuando  durante una siesta compartida el/la abuelo, se siente acosado, pateado, mordiqueado, a punto de perder su cabellera, pero besado y abrazado espontáneamente por su nieto,  es cuando te das cuenta que la vida vuelve a ser bella, y de que si no pasaras muchas horas con tus nietos, si no compartieras  tu vida con ellos, si no velaras su sueño, si no espantaras sus fantasmas, si cambiaras la tranquilidad por el bullicio, la comodidad por el ejercicio, la vida no sería tan bonita, ni los abuelos estaríamos tan jóvenes.
     Hay otro tipo de situaciones, menos idilicas, como son los casos de ruptura familiar y de dejación o cumplimiento defectuosos de las obligaciones derivadas de la patria potestad por parte de los progenitores. En el primer caso, los abuelos tenemos  apoyo normativo para propiciar, en beneficio del menor, un régimen de visitas con sus abuelos, en los casos en que el mero desinterés o la ausencia de uno de los progenitores, impediera una relación de significativa importancia, como es la relación de los abuelos con los nietos que favorece la socialización del menor, al aportarle estabilidad afectiva y personal.  En el segundo caso, existe también una previsión legal que atribuye a los abuelos una función relevante, pudiéndo encomendarse a estos, excepcionalmente, la tutela en caso necesario.
        Al no ser éste un foro para profesionales, no preciso ni me extiendo  más en esta materia, pero creo que puede ser útil, que los abuelos a los que se les niegue la comunicación con sus nietos, sin justa causa, conozcan la posibilidad de recurrir a los tribunales de justicia para remediar esa situación, así como pedir la tutela de sus nietos en los casos enumerados. 
    

Por Chabela - Publicado en: Familia - Comunidad: Divorciados
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Miércoles 26 agosto 2009 3 26 /08 /2009 01:40

   Laura es una niña preciosa, simpática y adorable. Además tiene un gran mundo interior y una imaginación desbordante que la lleva , a los cinco años, a inventarse sus propios cuentos. Desde luego prefiere que se los lean, pero si no es así, recurre a la reserva que tiene en su fértil cabecita, coje un cuento en sus manos, no para que sus ilustraciones le sirven de inspiración, sino por seguir el ritual, y lo dota de contenido, comenzando así su autorelato.
   Acaricia con la mirada una y otra vez esas grafías que representan nuestro abecedario, ansía descifrar esos jeroglíficos, cuyo significado no llega a intuir todavía, pero que su imaginación suple con generosidad y, no puede creer que un día cercano, el misterio que encierran dará paso a un mundo apasionante.
   En el vocabulario de Laura, no podremos encontrar nunca la palabra "aburrimiento", porque cuando no sea momento de juegos ni estudios, será momento para leer. Nunca se sentirá sola, porque siempre tendrá un libro que la acompañe.  Tendrá una buena actitud ante los estudios, porque para ella leer nunca será un sacrificio. Tendrá una buena compresión oral y escrita, porque su vocabulario será rico y su curiosidad por el texto escrito, le hará ver más allá del significado literal de las palabras. Esta afición innata, en la que seguramente tienen mucho que ver sus genes, enriquecerá su acerbo cultural,  al margen de los conocimientos que adquiera con sus estudios, durante toda su vida.
   La afición a la lectura, en condiciones normales, nunca se pierde. Cada vez le exiges más a tus lecturas, y afortunadamente, siempre encuentras autores para todos los gustos. Autores que  entretienen,  enseñan,  apasionan, te hacen meditar; que te deleitan con su verso o su prosa; que te describen mundos inimaginados, vivencias insospechadas; que retratan personajes a los que puedes amar u odiar, admirar o despreciar, con  otros  puedes reir o llorar, algunos provocan la carcajada, otros te arrancan una sonrisa, los hay que nos causan irritación, en otros nos gustaría vernos reflejados. Es imposible describir de forma exahustiva la cantidad de emociones que te puede proporcionar la lectura.                                                                                                                  
   Desde el primer momento que tienes un nuevo libro en tus manos, al aficionado, ya se le desencadena un mundo de emociones, lo primero es acariciar la cubierta, leer el título, el nombre del autor y, acto seguido, con impaciencia incluso, mirar la contraportada para leer la síntesis del argumento. A continuación, si no conocemos al autor, mirar la solapa de la cubierta para leer una breve biografía sobre él. Yo también acostumbro a ojear ligeramente sus páginas para ver en que tipo de letra está escrito, si lleva o no mucho diálogo, etc., estos últimos factores no son determinantes para mi, pero forman parte de la liturgia a seguir para comprar el libro. Por fin, cuando ya estoy segura de haber encontrado el libro que en ese momento quiero leer, y sólo entonces, mis sentidos perciben el olor de la tinta impresa y siento que ese libro me pertenece.
    Los niños disfrutan muchísimo cuando son ellos mismos los que pueden elegir sus libros de cuentos. Suelo llevar a mi nieto Miguel a una librería donde los cuentos está dispuestos por edades y en mesitas bajas a fin de que los niños tengan fácil acceso a ellos. Procuro hacerlo cuando tengo bastante tiempo libre, porque Miguel en cuanto llega empieza a mirarlos todos, no sabe cual cojer, y al final selecciona unos cuantos y se sienta en el suelo con ellos, después de ojearlos todos minuciosamente, los deja con cuidado, cada uno en su sitio, y quiere ver más. El proceso se repite durante todo el tiempo que le permito, al final tengo que llevarmelo casi a rastras, y su elección la decide en el último momento. La verdadera fiesta ha sido, tener tantos libros a su disposición y poder ojearlos, sólo empezará a apreciar el que le he comprado al llegar  casa y sentarme con él para leerlo. 
   !FELICIDADES MANU!

Por Chabela - Publicado en: Personal - Comunidad: Gastronomica
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Jueves 9 julio 2009 4 09 /07 /2009 23:59

      Miguel  tiene seis años, es un niño sano, fuerte, ágil, guapo, bueno e inteligente, tiene además, gran capacidad para las relaciones sociales. Supongo que es fácil adivinar que yo soy su orgullosa abuela. Tengo tres nietos más que también me colman de cariño, orgullo y satisfacción, son Claudia, Javi y Jorgito, por orden cronológico, pero hoy, estas líneas son para Miguel.    
     Desde que pudo articular su primera palabra y dió su primer paso, tuvo muy claras dos cosas: le encantan los cuentos y jugar al fútbol. Apenas sabía andar y ya intentaba darle patadas al primer esférico que se le ponía delante y ahora juega con gran estilo y, cuando ocupa el puesto de portero, son dignas de ver sus paradas en plancha.
      Respecto a los cuentos, desde chiquitín, le encantan todo tipo de historias y en cuanto ve un libro de cuentos, intenta que se lo lea alguien, pero sino lo consigue, era y es insaciable para todo tipo de narraciones,  se sienta muy serio con el libro entre sus manitas, examina atentamente los dibujos e intenta descifrar el texto. Hoy en día, que ya sabe leer, parece más normal, pero era enternecedor verlo en esa actitud con dos y tres años.
      Su cuento favorito, con diferencia, ha sido siempre LOS TRES CERDITOS, se lo he tenido que contar cientos de veces. Además nos ha dado mucho juego: un buen día su tío Jorge, harto de derribar casitas a soplidos, le contó el cuento de los
tres cerditos moteros. A partir de ahí, los cuentos son a demanda.
       En ocasiones, Miguel me pide,
los tres cerditos aviadores, no os podéis imaginar las piruetas que les hacen hacer a los aviones y que hacen ellos mismos, incluso saltando de avión en avión, para huir  del lobo,.Bien es verdad, que a veces recurren a los paracaidas y el lobo  se queda con un palmo de narices, !con el miedo que le da volar!, al final nunca puede cogerlos.
      También tenemos tres cerditos que son piratas, pero de los buenos, liberan a los prisioneros que tienen los malos y el capitán Miky, siempre le gana al capitán Patapalo y salva  el cofre del tesoro
. Los cerditos, cuando van al colegio, tienen que atravesar la selva, y a veces se paran por el camino a jugar o los persigue el lobo o tienen que salvar a Caperucita, pero al final siempre consiguen llegar a tiempo al cole.
       Ultimamente coincidiendo con la época estival y generalmente estando al borde de la piscina , me pide el de
 los tres cerditos surferos, que en una ocasión, al saltar una ola, subieron tan alto que se encontraron en el palo mayor de un barco pirata, que encima era enemigo, tuvieron que bajar por el palo, poco a poco, como hacen los bomberos y luego arrastrar la tabla hasta el agua !Uh, les costó un montón!, además les perseguían los piratas, pero los despistaron y consiguieron escapar. A veces, comentamos las aventuras de los cerditos del monopatín, que un día subiendo un rampa muy fuerte, subieron tal alto que fueron a parar a la luna. !No os lo vais a creer! pero allí se encontraron un lobo lunero y se tuvieron que esconder en un crater de la luna, hasta que se despertaron y se dieron cuenta que todo había sido un sueño.     
      Por supuesto que el enemigo de los cerditos es siempre el lobo, pero después de tantas aventuras juntos, le han cogido cierto afecto al lobo, aunque sólo sea como compañero de aventuras, y hay veces que lo han salvado de un
gran peligro. Por ejemplo, hace unos días, estaban los cerditos bañandose en la piscina y el lobo se metió al fondo para ver si se podía comer alguna patita de los cerditos y ellos se dieron cuenta y salieron a toda prisa. Pero antes de que el lobo pudiera salir para perseguirlos, porque es un poco torpe y nada muy mal, apareció una tortuga marina y lo cogió por el rabo y se lo iba a llevar al fondo del mar para que se lo comiera su amigo el tiburón, entonces a los cerditos les dió pena y, para salvarlo, le echaron una toalla en la cabeza a la tortuga para que no pudiera ver,  y le tiraron una cuerda al lobo para que pudiera salir del agua.
       Por eso, en ocasiones, el lobo prefiere jugar al futbol con ellos que comérselos, también les tiene cariño, aunque cuando el hambre le aprieta, recupera su instinto asesino. Los cerditos en caso de verdadero peligro, le compran un Mac Donals, se lo tiran a distancia para que se lo coma, y se calma. Ultimamente, tanto los cerditos como el lobo, en alguna fiesta de pijamas en casa de su yaya, han descubierto que el Mac Yaya, está más rico que el Mac Donals
.
      También le gustan mucho a Miguel las aventuras de los cerditos y  Zipi y Zape, tanto que en muchas ocasiones los ha llevado a jugar al fútbol con los cerditos y han pasado muchas aventuras juntos, hasta le ganaron un partido a Peloto y otros empollones, como Sapientín.
      Zipi y Zape, les han llevado a su casa para que conocieran a sus ratones, con los que también han jugado mucho, ya sabéis que Zipi y Zape los entrenan para que hagan piruetas circenses y los cerditos se lo pasan pipa viendo como saltan por el aro y cosas así, a ellos les gustaría enseñarles esos ejercicios al lobo, pero no se atreven. Al lobo no lo han llevado a ver los ratones, seguro que se los hubiera comido.
      Los cerditos, que son muy estudiosos, les han ayudado a Zipi y Zape a hacer sus deberes para que Don Minervo no los castigara, y los animan a estudiar un poquito cada día para que en verano puedan jugar todo el tiempo. Los Zipi y Zape ha ayudado a los cerditos a hacer trampas en el bosque para coger al lobo cuando se ponía pesado y se los quería comer, entonces el lobo se enfadaba mucho, decía que son cuatro contra uno; en fin un montón de aventuras que nunca se acaban .                                                                                                                                                  
     El tema de los cuentos siempre es pactado, él me dicta las coordenadas que debe reguir el relato, el personaje, el tema,  etc.; es cierto que me da plena libertad  para los detalles y desarrollo del argumento. Nos lo pasamos muy bien. La relación con mis nietos me enriquece, me renueva por dentro, me reconforta espero que  el beneficio sea  recíproco. Cuando se pone a leer, sus temas son más variados, le encantan Obelix y Asterix, Mordelo y Filemón y, bueno...todo lo que le puede gustar a un niño, pero, sería deseable que  todos los niños tuvieran la misma aficción por la lectura que tiene Miguel.

      Y espero que sea así siempre, y que me deje compartir su mundo, sus sueños, sus alegrías y sus tristezas, que pueda leer en sus ojos, que siga codiciando mi compañía, que me regale la misma sonrisa,  que le sigan gustando mis cuentos....que al escucharme, se dibuje en su cara la misma entrega.
       Tengo que añadir, que se preocupa mucho por mi y procura cuidarme; como sabe que  me conviene hacer ejercicio, me lo recuerda y en sus ratos libres me enseña a jugar al futbol, ahora quiere que aprenda a darle al balón de cabeza...si se lo propone, igual lo consigue. Menos mal que como últimamente, nosotros mismos, junto a Claudia y Javi, nos dedicamos a buscar el tesoro del pirata por los campos de Cuarte, armados de palas y carretilla en mano, tenemos menos tiempo para el fútbol.  
         Para terminar, diré que la yaya de Miguel, como abuela no puede ser más feliz, ni más afortunada, ni puede comer
más perdices, aunque eso sí, colorín colorado,
estos cuentos no se han acabado.                                                                                         

Por Chabela - Publicado en: Personal - Comunidad: El día a dia
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